dddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddd

martes, 11 de diciembre de 2007

EnGGGGGanchada

No, no es que se me haya vuelto loco el teclado, ni tampoco que me haya vuelto tartamuda. Simplemente que me he quedado, como vulgarmente se dice, enganchada. Técnicamente podría definirse como lumbalgia, eso sí, de las que te dejan clavado, sin poder dar un paso, ni tampoco moverte. Y lo más fuerte del caso es que el ataque me sobrevino al término de una clase en el instituto donde estoy como estudiante. El espectáculo digno de una película de los hermanos Marx, con ambulancia incluida (que digo yo que mejor hubiera sido llamar sólo a los médicos de urgencias para darme el “chute” allí in situ y no dar el espectáculo gratuito de pasearme en silla de ruedas por todas las rampas del colegio hasta llegar a la ambulancia) Bueno, la cuestión es que fui trasladada a los servicios de urgencias y allí me hincaron tremenda inyección de voltarén que por lo menos a la media hora (que es más o menos lo que tardó mi marido en venirme a buscar) ya podía mantenerme en pie y a duras penas andar.

Lo que sin duda me ha dolido más de todo esto es no haber podido terminar los exámenes, sobre todo después de lo mucho que había estudiado durante el puente y alentada por los buenos resultados que estaba obteniendo. Se me han quedado dos exámenes por hacer. Espero poder hacerlos antes de que acabe definitivamente el trimestre (las sesiones de evaluaciones son la semana que viene).

Afortunadamente, en el instituto de Alcarrás toda la faena importante (hacer los exámenes, corregirlos y evaluarlos) ya estaba hecha. Esta tarde empezábamos con las sesiones de evaluación pero no va a poder ser. Mañana me visita el médico de cabecera ( ya tiene delito que te den cita con dos días de tiempo, pero por lo visto en Fraga el tema de la sanidad está así de saturado). El objetivo principal, aparte de que me pueda recetar un mejor tratamiento que el que hasta ahora me han dado, es que me extienda el parte de baja ya que lo necesitan en el instituto para solicitar un substituto ( y es que joroba un montón tener que hacer guardias cuando falta el profesorado).

Nada, que no puedo hacer nada más que tener paciencia y dejar pasar los días. Lo que sin duda debo recordar otra vez que vaya a Zaragoza a ver a la Virgen es pedirle que vele por mi espalda, que buena falta le hace.

sábado, 8 de diciembre de 2007

Visita a Zaragoza

Ante tantos días de puente y a pesar de tener exámenes justamente los días posteriores al mismo, ayer viernes salimos rumbo a Zaragoza con la única finalidad de pasar el día. Ir a la capital del reino es para nosotros casi un acto excepcional. Será que somos muy perezosos, será que tenemos más cerca Cataluña y nos acercamos a Lérida en tan sólo 20 minutos… La cuestión es que hacía ya más de tres años que no pisábamos Zaragoza, y en esa ocasión fue solamente de paso, en el viaje de vuelta de nuestras vacaciones en Navarra. Y sin embargo, ir a Zaragoza siempre me causa una emoción que nunca me ha causado ir a Lérida. Ya desde pequeña, en las contadas ocasiones que fui con mis padres, sentía algo especial. Hace poco, en un espectáculo de monólogos humorísticos en que diversos artistas locales participaban, hubo uno que aunque de forma jocosa aludía al hecho emocionante que él experimentaba conforme iba llegando a Zaragoza, expresaba lo que seguramente muchos aragoneses sentimos al visitarla. Ese trimilimilim, trimilimilim, trimilimilim, trim, trim (léase siguiendo los acordes de una jota aragonesa) que te invade por dentro al divisar su imponente Basílica y nuestra pequeña patrona, la Virgen del Pilar, que acapara la atención tanto de fieles devotos como de curiosos turistas.

No concibo, pues así me lo enseñaron de pequeña, ir a Zaragoza y no pasar por el Pilar para ver a la Virgen.Y así continuamos nosotros la tradición con nuestras hijas. Ayer, en un paseo por el centro de Zaragoza, nos acercamos a la plaza del Pilar donde había instalado un belén a tamaño real, ambientado con sonidos y vegetación real. Posteriormente, abriéndonos paso entre las famosas palomas que habitan el exterior del templo, entramos en la basílica para ver a la patrona.

Cumplido nuestro deber, nos dispusimos a pasear un poco más por la ciudad y finalmente visitar la tercera planta de El Corte Inglés que es donde están los juguetes para que las niñas fueran tomando nota de los regalos para la carta a los Reyes. La verdad es que resultó un poco agobiante debido a la gran cantidad de gente que estaba aprovechando estos días para hacer sus compras navideñas. Nosotros, por nuestra parte, acabamos el día comprando una vinagreras que en principio pensamos comprar en Ikea, pero que al no gustarnos, decidimos comprar en El Corte Inglés. Por cierto, eso de que todo llega antes y con más intensidad a El Corte Inglés debe de ser cierto. Al salir, observamos las luces de la fachada principal y eso era espectacular. Pero ya se sabe, la gente de pueblo nos sorprendemos por cualquier cosa… Afortunadamente.

martes, 27 de noviembre de 2007

www. sintreguanirespiro.com

En casi tres meses que llevamos de curso, me siento como si me hubieran secuestrado y apenas quedara ya rastro de mi vida anterior. Es tal la dedicación a mi trabajo y al curso, que os puedo asegurar que no me quedan horas para hacer aquello que siempre me ha gustado: leer. Desde que empecé el curso de transporte no he hecho otra cosa que leer convenios de transporte internacional y os puedo asegurar que de apasionante tiene bien poco.

Otra faceta que también se ha visto resentida es mi pequeña y limitada vida social. No es que me prodigue yo mucho en reuniones y encuentros con mis congéneres pero es que ahora parezco andar entre dos mundos y no estar en ninguno a la vez. Ya no queda tiempo para encontrarme con otras madres que llevan a sus hijos al cole, ya no puedo realizar esa visita entre semana a mis padres y llevar a las niñas a la huerta, que es donde realmente son felices. Todo esto ha quedado como suspendido en un paréntesis, relegado a un segundo plano, y es que entre semana no tengo tiempo casi ni de respirar. Especialmente en esta época (final de trimestre) en que coincide mi faena de preparar y corregir exámenes para mis alumnos y estudiar para afrontar los míos. Si a esto le añadimos un buen resfriado (de esos que parece que te arde el pecho), tenemos el cóctel perfecto para andar bajos de fuerza y ánimo. La semana anterior y posterior al puente se me preparan ajetreadas: exámenes a diario y sesiones de evaluaciones extenuantes. Con este panorama no es de extrañar que hace unos días me sorprendiera pensando lo mucho que deseo que llegue Navidad, y no precisamente porque me invada un espíritu navideño, sino porque sé que durante unos días podré desconectar este tiovivo que me está empezando a marear y apearme de él para encontrar de nuevo el norte.

Seguiré visitando este espacio y el de mis vecinos, aunque por lo que leo y dejo de leer (en la ausencia de comentarios), intuyo que todos andamos hasta las cejas de trabajo.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Yo para ser feliz quiero un camión

Al hilo del curso de transporte y para que paséis un buen fin de semana,aquí os dejo un viejo tema musical y unos camiones que harían, sin duda, las delicias de "Loquillo" cuando cantaba aquello de "yo para ser feliz quiero un camión". Que no os engañe la vista. Elegid el que os guste más y me lo contáis en los comentarios.




martes, 13 de noviembre de 2007

Momentos para pensar

Parece que por fin ha llegado la calma. Presentados ya los trabajos y hechos los deberes de clase, parece que esta semana queda algún momento para respirar y pensar tranquilamente. Eso no quiere decir, ni mucho menos, que no haya faena que hacer, pero ya sólo se trata de la habitual y por tanto, la que te permite, controlar más la situación y tomarte un respiro. Aprovecho pues para contaros otras cosas que no sean puramente de trabajo.

Hace tan sólo una semana descubrí un nuevo programa en televisión (imagino que debía tratarse de la2) en el que se habla de libros, lectura y también escritura (hay un concurso de micro-relatos- máx. 100 palabras). El día que lo descubrí, entrevistaban a Carlos Ruiz Zafón y leían fragmentos de La sombra del viento. Aparentemente, le han ofrecido en varias ocasiones que ceda los derechos para que pueda ser filmada la versión cinematográfica de la novela, a lo cual él se ha negado rotundamente. A alguien podrá parecerle una estupidez pero la verdad es que ¿para qué va a querer ese señor vender los derechos si esta novela parece destinada a convertirse en un clásico moderno de la literatura española? Y además, vistas las últimas adaptaciones de novelas que se están haciendo para el cine, ¿quién va a arriesgarse a que la película defraude (que es lo más probable que pase cuando se trata de un argumento que funciona bien en su formato original de libro)? No hay más que pensar en la cantidad de películas que no han llegado a tener ni por asomo el éxito que han tenido en papel.

Curiosamente, y a pesar de no considerar la posibilidad de ser pasada al cine, Ruiz Zafón afirma poner música a sus novelas y compone melodías inspiradas en fragmentos de la novela (¿no es eso lo que hacen los músicos encargados de las bandas sonoras de las películas?). Ese domingo (que es cuando hacen el programa en cuestión) nos deleitó con una de esas melodías y me resultó, además de sorprendente, delicioso.

Escuchar el sonido limpio del piano y ese fluir tan suave de los dedos por encima del teclado es relajante. Yo que me quedé en puertas de cuarto de piano y quinto de solfeo por un exceso de trabajo en mis años de adolescencia (en el instituto nos iban exigiendo más y ya no quedaba tiempo para practicar), me muero por unos acordes bien dados al piano y me derrito ante el baile de unas manos diestras sobre las nacaradas teclas de un viejo piano. Desgraciadamente el mío (un antiguo piano de caoba y nogal que mis abuelos me regalaron) está tapado desde hace ya muchos años. Ahora sólo las manos de mis hijas se pasean por sus teclas para arrancarle sonidos desafinados. Las mías, sin embargo, sólo pasan por encima de él para sacarle el polvo. ¡Qué se le va a hacer!