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lunes, 14 de marzo de 2011

Tiempo de despedidas

Hoy ha sido un día lluvioso; el día en que dejo el pueblo que me ha acogido durante los últimos seis meses como profesora de inglés ha resultado algo triste. No me gustan las despedidas; no sé muy bien que decir a quienes han sido mis compañeros durante este tiempo ni a los alumnos, a quienes acabamos cogiendo cariño a pesar de las “perrerías” que en ocasiones nos hacen. No me gusta lo melodramático así que intento distanciarme un poco y ocultarme tras un velo casi siempre tejido con un fino hilo de humor. En los momentos de despedida es realmente cuando uno sabe a quienes hemos dejado huella.

Hay otros, sin embargo, que no se arriman a ti ni tan siquiera para desearte que tengas suerte en tu próxima adjudicación. Será que se sienten culpables por no haber podido (o querido) arreglar un horario a quien, a pesar de venir de tan lejos, no hubiera reparado un segundo en continuar allí. Realmente ha sido decepcionante saber que no se ha sabido tratar bien a quien bien hace su trabajo. Al final, da lo mismo si te integras o no en el instituto; si puede haber o no una continuidad y estabilidad en el curso de tus alumnos. Esta es la filosofía imperante en esta sociedad individualista del “viva yo y los demás que se fastidien”. A mi edad debería saberlo de sobras pero sigo sorprendiéndome a diario con estas actitudes que están arraigadas hasta en las personas que por el mero hecho de ser “enseñantes” deberían no actuar de esa manera.

Hay lugares a los que llegas y ya sabes cómo te va a ir el percal. Hay otros, sin embargo, que parecen una cosa y luego resultan otra muy distinta. Yo ya sabía cómo moverme por los primeros. Ahora deberé aprender a moverme por estos últimos. La pena de aprender a andar por estos terrenos de engañosas arenas movedizas es que deberé dejar mi ingenua creencia en lo moralmente correcto y creer que las relaciones humanas se sustentan tan sólo en una mera conveniencia. ¡Que pena que todo tenga que ser así! Será por eso que hoy amaneció triste y llovió tímidamente.



miércoles, 1 de septiembre de 2010

Carta al Departament d´Ensenyament de la Generalitat de Catalunya.

Estimado Departament d´Ensenyament:

Ya disculpará que esta carta no esté escrita en catalán pero atendiendo a su falta de consideración hacia una de sus trabajadoras, comprenderá que no me tome la molestia de andar buscando ni comprobando la ortografía de palabras en un diccionario sólo para satisfacer su ego nacionalista.

Aunque el tono de esta misiva pueda parecer hostil, lo cierto es que está pensada como carta de agradecimiento. Cómo si no agradecer el que hoy en día tengamos trabajo aquellos que por muchos años que llevemos al servicio del Departament, al fin y al cabo no hemos luchado suficientemente por una plaza fija de funcionario.

Le agradezco que durante los seis de los casi diez años que llevo al servicio del Departament, haya podido conocer pueblos y lugares que jamás hubiera conocido si no hubiera sido destinada y obligada a ir. Asimismo le agradezco que durante los cuatro últimos cursos, y como resultado de esos primeros sacrificios, haya podido estar cerca de casa aunque lo haya tenido que hacer trabajando con jornadas reducidas y “mega-ultra” reducidas (ya disculpará usted la jerga pero es lo que tiene andar entre chavales todo el día). No crea, un tercio de jornada, que es lo que el Departament puso de moda el año pasado con la crisis ya instalada en todo el país, además de resultar un pasatiempo bien remunerado, ha sido para muchos de nosotros la única opción de trabajo posible.

El sueño de conseguir con esfuerzo y sacrificio un número bajo como interino se ha convertido en nuestra gran pesadilla. En la historia de las adjudicaciones de plazas vacantes, nunca un número tan bajo había perjudicado tanto a este colectivo. Quiero pensar que a modo de celebración por mi décimo aniversario en esta empresa, el Departament ha tenido la consideración de premiarme con una plaza lejana que me obligará a conducir dos horas al día poniendo en peligro mi vida y mi salud (quiera que mi espalda y mi ciática aguanten semejante trajín) y devolverme así a los orígenes. Lo que no sabe usted es que, a estas alturas, los interinos veteranos estamos demasiado “quemados” y que los orígenes, aunque nos recuerden a un tiempo pasado, no son por ello en absoluto deseados. Eso sí, agradecerle que gracias al trabajo que nos dan tengamos un futuro lleno de incertidumbre (me pregunto cuál será mi próximo destino este curso cuando acabe mi sustitución en Artesa de Segre: ¿será mejor?, ¿será peor? ¿Ah?), lleno de inquietud (¿conseguiré adaptarme a tantos compañeros y alumnos nuevos?), en definitiva lleno de emociones.

Atentamente,

sábado, 3 de julio de 2010

Otro curso escolar

El día 30 de junio de este año ha acabado para mí el que ha sido el noveno curso de mi historial laboral en el Departament d´educació de la Generalitat de Catalunya. Un año marcado por la crisis y la novedad de los nombramientos telemáticos que tanta polémica generaron a principios de curso por los desafortunados destinos que nos asignaron a todos los que formamos parte de la bolsa de interinos. En vista de lo que a muchas de las chicas que iban por delante de mí les fue adjudicado (más o menos cortas sustituciones a jornada completa en los paradisíacos pero remotos territorios de la provincia de Lleida) debo decir que tuve mucha suerte de que me fuera adjudicada un tercio de jornada en un instituto que se encuentra a la entrada de Lérida y que por tanto me evitaba tener que perder tiempo a la hora de acceder a él desde Fraga.

Con esas migajas, pero muy consciente de mi suerte, he estado yendo tres días por semana a cubrir mis ocho horas de trabajo semanal a la espera de mejores tiempos para el año que viene. No obstante, harta ya de tanto andar de aquí para allá, de ir cambiando de centro a cada curso escolar, me propuse no dejarme implicar ni lo más mínimo en el centro ni con mis compañeros. Lo de implicarme, aunque poco, lo he hecho en algunas ocasiones, sobre todo en aquellos centros en los que me he sentido a gusto y bien recibida pero resulta frustrante puesto que cada septiembre me encuentro con la decepción de no repetir en ellos y tener nuevamente que adaptarme a otro. Estoy harta de andar representando la misma función cada año, de dejar en cada uno de los centros y en cada una de las personas que conozco un poco de mi vida y un trozo de mi piel. Podríamos decir que he pasado, por tanto, sin pena ni gloria por el prestigioso y muy apreciado IES Marius Torres durante el curso en que se ha celebrado el centenario del nacimiento del poeta que lleva su nombre. He sido esa chica morena de Fraga con los que la mayoría no han hablado y de la que se desconoce qué asignatura imparte ni cuál es su nombre.

Dos días después de haber acabado el curso, durante unas jornadas de formación que han tenido lugar en el instituto para aquellas persona que van a formar parte del claustro de profesores del curso que viene y a las que he querido asistir a pesar de saber a ciencia cierta que yo no formaré parte de ellos, un compañero de departamento (un señor mayor ya, muy “quemado” de su profesión) me felicitaba por mi carácter discreto y mi serenidad: “¿tú te tomas así también ( tan bien) la profesión de enseñar?” Y a modo de consejo, que yo siempre recibo amablemente pero que afortunadamente ya me dieron otros durante el primer año como profesora en el sector público, me dice que no vale la pena sofocarse por nada ya que muchas veces es eso precisamente lo que persiguen los alumnos, verte desencajado y fuera de tus cabales. Pues ese mismo señor acto seguido me pregunta: “¿Tú que haces, catalán, no?” y “¿cómo te llamas? Pues no, no doy catalán, sino inglés, como tú (es que a mí esto de tratar de usted a un compañero, aunque sea mayor, me resulta muy raro) y me llamo Mercè. Pensé que era penoso que un compañero de departamento no se acordara de mi nombre después de haber pasado en el mismo centro diez meses de nuestra existencia aunque por otra parte me confirmaba el cumplimiento de ese objetivo con el que empecé el curso.

Por cierto este curso de formación al que he asistido no ha hecho más que confirmarme lo poco que contamos los profesores “itinerantes” para el claustro de un centro. El tema del curso era el nuevo proyecto educativo que a nivel nacional ha sido bautizado como “escuela 2.0” haciendo alusión a las nuevas herramientas de comunicación y participación en intenet al alcance de cualquier persona y que en la comunidad catalana han llamado “educat 1x1” y que supone el uso de un ordenador personal por alumno para acceder a la enseñanza digitalizada. Pues bien, durante las sesiones del curso se han estado repartiendo los ordenadores tipo netbook para uso personal de aquellos que el próximo curso deberán impartir clases en primero y segundo de la ESO. Por supuesto, una aquí presente se ha quedado sin el artilugio tecnológico porque vete tú a saber dónde pararé yo el curso que viene. De todas maneras, he querido beneficiarme de la formación porque independientemente de dónde vaya a parar el próximo curso, es seguro que estas tecnologías forman parte ya de nuestro presente y debemos evolucionar con ellas. Al ser la única que me quedaba sin el netbook y por consiguiente tomaba notas en mi sufrida libreta me he permitido hacer la gracia de decir que yo me he quedado en la escuela 1.0 cuando el resto estaba intentado la inmersión en la escuela 2.0. La mayoría no me han entendido porque desconocen el nombre del proyecto general y han pensado que era yo la que me inventaba el nombre. He tenido que aclararles que eso del “educat 1x1” está dentro del proyecto de “escuela 2.0”.

Sea como fuere, y a pesar de quedarme sin netbook y probablemente sin la ocasión de participar en este proyecto el curso que viene, me gusta aprender y a poder ser no quedarme atrás en lo que se va imponiendo de cada vez más en la sociedad y por supuesto en la educación. Es por esto que este año, y sin que nadie lo sepa excepto yo misma y mis alumnos, he estado aplicando la nuevas herramientos web 2.0 a la educación y mis alumnos han aprendido que Internet es mucho más que “Facebook” o el “Messenger”. Mi proyecto "secreto", A Colourful English Adventure da fe de que mis alumnos han aprendido algo más que inglés este año. Pero de esto quizá nunca nadie de los institutos en los que he estado o llegue a estar sepa nada…

miércoles, 16 de junio de 2010

Jergas farragosas

Cualquier grupo o colectivo tiene un conjunto de vocablos que sólo aquellas personas que se mueven por ese mundillo llegan a comprender dejando a aquellos otros que no habitan en él en la más absoluta perplejidad. Es como si a través del lenguaje intentáramos dar más importancia a aquellas cosas que cada uno de nosotros hacemos en el día a día; como si las palabras rimbombantes (y que dejan a los que las desconocen con esa sensación de “¿qué demonios será eso? pero suena como si fuera algo importante…”) envolvieran con un halo de ambigüedad todas las actuaciones propias de un gremio.

Particularmente siempre he encontrado pretencioso eso de no llamar a las cosas llanamente por su nombre y que se insista en etiquetar con nombres sólo aptos para expertos en la materia a actividades cotidianas.

El lenguaje legislativo es el que más abusa de los términos rimbombantes y no contento con ello también lo hace con una sintaxis que resulta farragosa e incomprensible. El lenguaje de la legislación que ampara nuestro sistema educativo tampoco escapa a esta tendencia. Es por eso que muchas veces los profesores ( y digo muchas veces porque ¡mira que han cambiado veces las leyes de educación en este país últimamente!) debemos pararnos a pensar qué es realmente lo que nos quieren decir cuando a lo que has estado haciendo siempre va de pronto y descubres que le han cambiado el nombre arbitrariamente.

A continuación os dejo un compendio de jerga utilizada en la LOE (Ley de Orgánica de Educación) que descubrí en un blog educativo catalán que mantiene Montse Escoi Martínez y que traduzco del catalán:

ADAPTACIÓN CURRICULAR : Dar libros de primaria a los alumnos de secundaria.

ATENCIÓN A LA DIVERSIDAD: Dedicar más tiempo a los alumnos que no sirven para estudiar que a los que sirven.

EVALUACIÓN INICIAL : Test de principio de curso que sirve para que el profesor constate que los alumnos no saben nada.

EVALUACIÓN FORMATIVA: Exámenes parciales.

EVALUACIÓN SUMATIVA: Exámenes finales.

COMPETENCIA SOCIAL: Se dice que un alumno tiene "competencia social" cuando el chico sabe leer, es bastante bien educado y sabe contar el cambio que le devuelven a las tiendas.

COMPETENCIAS BÁSICAS: Saber hacer la O con un "canuto".

CONSTRUCTIVISMO: Secta fanática (y peligrosa) que afirma que los niños deben hacer las cosas solos y que propugna que el profesor, mientras tanto, debe limitarse a mirar.

CURRÍCULUM: Programa, plan de estudios (pero en latín, que queda más guay)

DIVERSIDAD: Conjunto de alumnos justitos y / o vagos. También se incluyen los gamberros y los predelincuentes.

EJES TRANSVERSALES: Intentar que los alumnos sean buenos muchachos.

ESCUELA INCLUSIVA: Poner las manzanas sanas y las podridas en el mismo saco. (La intención es que las podridas se vuelvan sanas pero el resultado es que muchas de sanas, acaban podridas)

ESTABLECER UNA RELACIÓN DE ENSEÑANZA-APRENDIZAJE: Hacer clase

EXCELENCIA: Hmmm ... Este diccionario no es lo suficientemente potente. Es mejor que le pregunte a tete.

PEDAGOGO: Brujo. Persona que se cree muy lista pero que no tiene ni p ... idea.

Polivalencia CURRICULAR: Fenómeno que se da cuando un profesor de física da clases de sociales. (El profesor hizo un cursillo sobre la guerra civil española)

PONER LOS ALUMNOS EN SITUACIÓN DE ENSEÑANZA-APRENDIZAJE: Hacer que se sienten y se callen.

PRÁCTICA REFLEXIVA: Contar hasta 10 y respirar hondo para reprimir las ganas de insultar a un alumno. (Y por supuesto, de darle una colleja, que vale 30 Euros-véase jurisprudencia correspondiente-)

SALUD Y BIENESTAR DEL PROFESORADO: No acabar encerrado en el manicomio. Prescindir de los servicios del foniatra.

(NUEVAS) TECNOLOGÍAS: Informática.

TIC: Informática (cuando ya te has cansado de decir "Nuevas Tecnologías")

TAC: Informática (cuando ya te has cansado de decir TIC)

Me parece que acierta y coincide con lo que muchos profesores pensamos de tanta jerga farragosa.

viernes, 28 de septiembre de 2007

La unión hace la fuerza.

Por lo visto existe desde hace unos años la figura del “educador/a” (en Cataluña reciben el nombre de “vetllador/a”) en los colegios y también en los institutos. Si sabía de su existencia es porque en el colegio donde asisten mis hijas, hace dos años que esta plaza está concedida debido a unas necesidades de atención especial que requieren ciertos alumnos. Esta figura, cuya función en muchos casos queda un poco difusa pero que puede oscilar entre apoyo para el alumnado y apoyo al profesorado, resulta de vital importancia para llevar a cabo unas clases aprovechables para todos.

Por primera vez en mi vida comparto aula con esta figura en una clase difícil de manejar no sólo por tener allí a cuatro alumnos marroquíes, tres rumanos, un guineano, una colombiana y otros tantos alumnos españoles con unas necesidades especiales, sino porque además uno de ellos tiene una discapacidad importante. La dinámica de grupo en esta variopinta clase puede en algunos momentos rozar la violencia y no sólo entre ellos, que esto en algún momento de pique pude resultar normal en cualquier clase de adolescentes, sino incluso para los profesores (con decir que en las primeras reuniones ya nos avisaron que uno de los alumnos ya había levantado la mano a profesores en primaria, está todo dicho).

Las dos primeras semanas de curso con estos alumnos resultaron un poco caóticas por tener que andar parándoles los pies y frenando impulso violentos que impedían el transcurso de la clase de una manera normal y pacífica. Esta semana el horario de este profesor “educador” ha quedado ya establecido una vez observadas las necesidades mas acuciantes y la verdad es que se ha notado una mejora en el comportamiento de los chicos. Aunque todavía se observan piques entre ellos y la faena de apaciguar los ánimos es importante, el que haya dos profesores en el aula hace que tu labor de enseñanza salga mejor y que la clase resulte más gratificante para todos.

¡Qué diferencia respecto al año pasado! ¡Cuánto apoyo y cuántos recursos puestos a mi disposición! No puedo por más que estar agradecida y satisfecha. Por supuesto mi mejor gesto de gratitud es mi esfuerzo e implicación.

lunes, 17 de septiembre de 2007

Nuevo comienzo

Problemas técnicos han hecho que no haya podido escribir nada desde el pasado lunes 10 de septiembre. Ahora lo hago desde el instituto aprovechando un breve espacio de tiempo antes de una clase.

Si la semana pasada fue el turno de incorporarme al instituto como profesora, este lunes lo he hecho como alumna. Finalmente me he matriculado en el ciclo formativo de Gestión del Transporte con la idea de ir abriendo puertas de cara al futuro. Sigue en pie mi decisión de dejar en un futuro próximo (el tiempo en que tarde en prepararme para desempeñar otra faena) mi etapa docente. Hoy he sentido el nerviosismo desde el otro bando, la de los alumnos recién llegados a un centro nuevo pero con el agravante de que te encuentras de repente subiendo escaleras y pululando codo con codo con una manada de adolescentes que están como tú en calidad de estudiantes. Un poco extraño aunque reconfortante eso de volver a las aulas a sentarte y limitarte a escuchar al profesor cuando has sido tú muchos años la que has estado al frente de la clase. Será duro esto de compaginar trabajo, estudios y mi labor de madre pero no queda otro remedio si lo que quiero es mejorar en el trabajo. La suerte que tengo es que mi suegra ha sido la primera en animarme a hacerlo sin importarle en absoluto el plus de carga que esto va a suponer para ella. Un esfuerzo para todos que espero tenga su recompensa en el futuro.

PD: He puesto en marcha un blog en inglés con la idea de hacer participar a mis alumnos. De momento ninguno se ha atrevido a dejar mensages. Veremos si tira adelante o se queda sólo en una ilusión imposible.

viernes, 7 de septiembre de 2007

I feel it in my fingers, I feel it in my toes…

Y es que siento una sensación que hacía mucho tiempo que no sentía. Ese “it”, objeto directo de la oración, no es propiamente el mismo al que hace referencia la canción (ya que éste se refiere al amor y yo afortunadamente tengo ese tema resuelto), sino a esa ilusión que invade tu cuerpo y que te impulsa a tararear esa canción que en el trayecto hacia el trabajo suena en la radio de tu coche, esa ilusión que te lleva a buscar y remover todos aquellos recursos pedagógicos que por infortunios de la vida no tuve ocasión de emplear el curso pasado, esa ilusión que generan las cosas recién estrenadas, la ilusión, en definitiva, de sentirte vivo haciendo algo que te gusta y que otros valoran.

Todas las reuniones que estamos teniendo en esta primera semana de curso son como una catarsis de aquello que a todos nos gustaría que fuera la enseñanza. Buenos profesionales, llenos de ideas y de experiencias que desean llevar a cabo el magnífico proyecto, no de educar que es una tarea más propia de los padres (somos educados desde el mismo momento en que nacemos), sino de enseñar. Lo que pasa muchas veces (demasiadas, desgraciadamente) es que todas esas ilusiones, todos esos proyectos quedan muchas veces en papel mojado. Y es que es muy fácil teorizar alrededor de una mesa sobre lo que se puede hacer con los alumnos. La realidad, en la mayoría de los casos, es que nos encontramos con unos alumnos totalmente desmotivados y que carecen de cualquier hábito que implique un mínimo de esfuerzo. Si a este hecho le añadimos el aumento masivo de inmigrantes, los profesores nos encontramos muchas veces desbordados a la hora de atender a tan variadas necesidades. A pesar de ser este el panorama que me espera a partir de la semana que viene, sigo ilusionada porque nunca los grupos son iguales ni reaccionan de la misma manera a la propuesta de trabajo.

Me quedo con la satisfacción de saber que lo estoy haciendo bien, pensando en la mejor manera posible de hacer la asignatura de inglés amena a unos chicos que, en muchos casos, llevan escolarizados apenas dos o tres años y que por ley deben ser integrados en nuestro sistema escolar de acuerdo a su edad. Sé por experiencia que todo este esfuerzo personal y colectivo de estos días previos al inicio de curso suelen caer en saco roto porque la realidad nos supera al no verse recompensadas tantas horas de esfuerzo con el interés suficiente por parte de nuestros alumnos. Aun así, me gusta descubrirme a mi misma tarareando de vuelta a casa esa conocida canción que suena en la radio del coche.

lunes, 3 de septiembre de 2007

De vuelta al trabajo

Somos muchos los que este lunes hemos empezado a trabajar de nuevo. La mayoría, sin embargo, se habrá incorporado a su habitual puesto de trabajo recuperando así una normalidad que sólo se habrá visto interrumpida por unos días de vacaciones. Volver a ver a los compañeros de trabajo e intercambiar historias de vacaciones maravillosas puede incluso resultar divertido.

Afortunadamente este no ha sido mi caso. De haberme tocado volver al mismo instituto que el curso pasado os puedo asegurar que ahora, en este mismo momento, estaría sumida en la más absoluta de las miserias. Por el contrario, estoy contenta con el destino que pude elegir el pasado jueves en la adjudicación pública y no sólo porque el instituto está a tan sólo 10 minutos en coche (sin duda un ahorro de tiempo y dinero teniendo en cuenta que estaré a media jornada), sino también porque es un instituto en el que ya había estado y sé positivamente que por muy malos grupos que me hayan asignado ( que sin duda lo son; no se puede esperar nada mejor siendo la última de a bordo), no voy a estar ni la mitad de mal que en el del año pasado.

A lo largo de estos días me esperan horas de largas reuniones pero la verdad es que entre esta gente me he sentido bien acogida. Supongo que para el instituto el hecho de que a él vuelva una persona que ya había estado anteriormente cumpliendo rigurosamente con su trabajo es una garantía. Por lo general los institutos suelen recelar de los sustitutos e interinos, como si por el hecho de ser temporales en el centro, fuéramos incapaces de implicarnos ni hacer nuestra faena bien. Paradójicamente en esta actitud recelosa reside su incapacidad de ver que una buena acogida, un trato decente y un mínimo de apoyo por parte de los colegas son los factores determinantes a la hora de hacerte sentir parte del engranaje.

Prueba superada en lo referente a los colegas. Otra cosa será empezar con los niños, cuya información como estudiante, por cierto, no pinta muy bien. Habrá que esperar hasta la semana que viene para juzgar con más criterio.