Una empieza a tener edad y experiencia suficiente como para saber que después de una mala temporada, inevitable e irremediablemente acabará llegando una de mejor. En el intervalo de tiempo que media entre una mala racha y otra de no tan mala, o incluso buena, es aconsejable hacer uso de un buen compañero de viaje: el sentido del humor. Mirar las cosas y relativizarlas y entender que por muy mala que sea tu situación, ésta no durará siempre es algo que se aprende con la edad. No en vano esta filosofía queda recogida en no pocos refranes populares del estilo: “no hay mal que dure cien años”, “a mal tiempo, buena cara”, “a grandes males, grandes remedios” o aquella otra que asegura que hay que “saber capear el mal temporal”. Sin duda, desarrollar esta actitud aparentemente despreocupada de la vida, utilizando el sentido del humor como escudo protector de tus más profundos sentimientos lleva su tiempo y es relativamente fácil aplicarla cuando tú mismo eres el afectado por el problema que sea. Sin embargo, esa herramienta tan poderosa y temporalmente eficaz se viene abajo cuando los problemas afectan y conciernen a personas de tu entorno, personas a las que el hecho de verlas sufrir te supera. Ante estas situaciones cabe decir que hay acontecimientos que sí tienen su importancia en su momento y a los que resulta improcedente aplicar el sentido del humor porque realmente no tienen gracia. Aún así, con el paso del tiempo, y sin quitarle dicha importancia, uno debe habituarse no sólo a vivir con eso, sino además debe luchar por encontrar la mejor solución posible al “problema”.
Son muchos los días que han pasado desde el último post en este blog. Son muchos los “problemas” con los que últimamente hemos tenido que bregar. No me importa tener que andar usando el sentido del humor para pequeños “problemas” personales. Sin embargo, me cuesta mucho relativizar los problemas de mis hijas. Han pasado ya casi quince días desde que Anabel cayera de bruces desmayada y como consecuencia de la caída perdiera casi en su totalidad uno de los diente incisivos superiores. Verla con la cara hinchada y sin el diente en su sitio, junto a los lloros desesperados propios de una niña de 10 años que sabe que ese diente ya no volverá a crecer y que teme el dolor que puedan hacerle para arreglar el entuerto, obviando el dolor propio de la caída, ha hecho que me sea imposible hacer alarde de mi sentido del humor.
Una vez superada más o menos la fase de disgusto inicial, es hora de ir encontrando soluciones al problema. Según el dentista, en una primera visita el mismo día de la caída, nos espera una reconstrucción provisional del diente (su boca aún debe crecer mucho y sufrir los pertinentes cambios de las piezas de leche), para no sabe muy bien cómo acabar de mayor porque esto avanza una barbaridad. Pues habrá que ir cogiendo silla en la sala de espera porque esto pinta para largo. Esperemos que entre visita y visita las cosas mejoren, aunque sea ligeramente.
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martes, 22 de enero de 2008
lunes, 7 de enero de 2008
Knock out
Poco podía pensar yo cuando escribí el anterior post que ya no llegaría al tercer asalto. Y es que la gripe entró en casa a hurtadillas, aprovechando el alboroto de fin de año para ir dejándonos en situación de KO. técnico, uno a uno. Empezó sucumbiendo la pequeña pero todos creímos que se trataba del cansancio típico del día después de una noche “larga y movidita” (ya podéis imaginar lo larga y movida que puede ser una Nochevieja en casa), para tres días más tarde, sucumbir yo misma justo después de haber presentado los papeles del alta médica que voluntariamente había decidido coger para incorporarme a trabajar (por lo de la espalda, que diréis ¿pero eso ya no estaba pasado? Pues sí, lo de la espalda sí pero, como era de ver con los antecedentes de mi susodicha espalda, ha dejado su particular factura en forma de insensibilidad en la pierna derecha. Tres años después, vuelvo a estar casi en el mismo punto de partida, a la espera de un electromiograma y una resonancia magnética. Ya os iré contando porque promete ser largo). Finalmente, ha sido Anabel la encargada de caer a los pies de la temida gripe aunque es de esperar que a ella no le ataque tanto (en su condición de persona asmática, cada año cumplimos con la visita obligada al inicio de la campaña de vacunación).
De todos los síntomas de malestar que da este estado, el único que personalmente me va a venir bien para eso de empezar a perder peso es el de inapetencia. Lo malo es que para estar inapetente tenga que tragarme y sobrellevar otros muchos síntomas que no son en absoluto deseables. Pero por algo se empieza ¿no? La verdad es que habrá que empezar a encontrarle el lado bueno a todo esto que me está pasando porque últimamente, lo de la salud no es mi fuerte, demostrado.
De todos los síntomas de malestar que da este estado, el único que personalmente me va a venir bien para eso de empezar a perder peso es el de inapetencia. Lo malo es que para estar inapetente tenga que tragarme y sobrellevar otros muchos síntomas que no son en absoluto deseables. Pero por algo se empieza ¿no? La verdad es que habrá que empezar a encontrarle el lado bueno a todo esto que me está pasando porque últimamente, lo de la salud no es mi fuerte, demostrado.
lunes, 14 de mayo de 2007
Con la salud de los ciudadanos no se juega.

Hace ya más de un mes que en Fraga el agua corriente dejó de ser bebible. Primero yo lo achaqué al reventón que se produjo nada mas acabar de asfaltar un tramo de carretera adyacente al recién inaugurado puente (si habéis leído los anteriores post os daréis cuenta, por la cantidad de inauguraciones, de que ciertamente estamos en campaña electoral) que provocó que el agua saliera turbia y con olor a barro durante unos días. El problema es que iban pasando los días y el agua seguía brotando con un olor y sabor muy desagradable que nos llevó a los de casa a cuestionarnos si realmente ese agua era potable. Lo sorprendente del caso es que yo no oía quejarse a nadie sobre este tema. Mi suegra, que vive en el piso se abajo, no parecía notar nada extraño en la calidad del agua y seguían bebiendo como si tal cosa. Yo, ante lo que parecía un virus gastrointestinal, decidí no dar ese agua a mis hijas y obviamente tampoco la bebimos nosotros ya que tal vez parecía estar abrevando en un charco. Por primera vez en mi vida me encontraba comprando agua embotellada y acarreando un peso que yo siempre he considerado innecesario.
De que el agua seguía teniendo ese olor a charco fangoso lo sabíamos porque al ducharnos, el vapor que emanaba el agua caliente te hacía sentir como aquellos elefantes de la selva africana que se revuelcan en el lodo para protegerse de las picaduras de los insectos y de los efectos del sol.
Hace tan sólo unos días, curiosamente unos pocos antes del pistoletazo oficial de la campaña electoral pero muchos después de que el agua corriera por nuestras tuberías, el partido político en la oposición en el ayuntamiento de esta ciudad hace saltar la alarma y asegura poseer unos análisis que demuestran que el agua en Fraga no es potable (aunque dichos análisis nunca se han hecho públicos). Obviamente, acto seguido salta el partido gobernante a defenderse de tales injurias y asegura que el agua siempre ha sido potable.
Ante tamaño desconcierto, la población no para de apoyar y defender a unos u otros según su tendencia política que en esta ciudad pequeña es como decir que defiende al que le cae mejor como persona. Yo, que tanto critico a unos como otros porque los dos me caen mal, sólo sé que, casualmente desde que se levantó esta polémica, el agua de Fraga ha dejado de tener ese olor desagradable. En cuanto a sabor no puedo juzgar porque todavía estoy gastando los últimos litros de agua embotellada que quedaban pero casi puedo asegurar que el agua de Fraga vuelve a ser “potable”.
viernes, 27 de abril de 2007
Mi fisioterapia
Soy una fiera (este estado de euforia no sé muy bien a qué atribuirlo, si al hecho de que físicamente estoy mejor o que a partir de hoy tengo puente) bueno a lo que íbamos, los ejercicios que me está enseñando la fisioterapeuta me salen bordados. Tanto, que el viernes pasado ya dejé de tener los dolores que me acompañaban durante todo el día desde hace tanto tiempo. Parece mentira que cuatro ejercicios bien hechos y un micro-masaje con ultrasonidos (la verdad es que yo no tenía mucha fe en esto último) haya podido hacer lo que tantas friegas ( mi marido era el encargado de hacérmelas) y calor no habían podido solucionar.
Todo esto me lleva a pensar lo poco educados que estamos en la asignatura de higiene postural. Creo que en la escuela debería enseñarse a cuidar nuestro cuerpo pero no tanto desde el punto de vista estético y competitivo como desde el punto de vista de la salud.
Yo personalmente odiaba la signatura de gimnasia. Algunos años incluso tuvimos algún profesor que nos pegaba en la cabeza con los nudillos de la mano a quienes no eramos capaces de realizar ciertos ejercicios bien. No me he considerado nunca una persona deportista (salvo unos pocos años en que formé parte del equipo de natación de Fraga e imagino que gracias a ello mis problemas de espalda permanecieron ocultos) pero he de reconocer que aprendo fácilmente la técnica de los ejercicios que me enseñan y lo mejor de todo es que funcionan.
Todo esto me lleva a pensar lo poco educados que estamos en la asignatura de higiene postural. Creo que en la escuela debería enseñarse a cuidar nuestro cuerpo pero no tanto desde el punto de vista estético y competitivo como desde el punto de vista de la salud.
Yo personalmente odiaba la signatura de gimnasia. Algunos años incluso tuvimos algún profesor que nos pegaba en la cabeza con los nudillos de la mano a quienes no eramos capaces de realizar ciertos ejercicios bien. No me he considerado nunca una persona deportista (salvo unos pocos años en que formé parte del equipo de natación de Fraga e imagino que gracias a ello mis problemas de espalda permanecieron ocultos) pero he de reconocer que aprendo fácilmente la técnica de los ejercicios que me enseñan y lo mejor de todo es que funcionan.
miércoles, 25 de abril de 2007
El peso de la poesía
Ayer, mientras estaba haciendo una vigilancia de pasillo en el instituto, ojeando los murales que lo adornan, descubrí de causalidad (o mejor sería decir que de aburrimiento) unos poemas que habían sido colgados el día 21 de marzo con motivo del día de la poesía. Mira tú por dónde que en uno de ellos encontré la causa de mi dolor de espalda.
“Vengo a buscarte, hermano, porque traigo el poema,
que es traer el mundo a tus espaldas."(Jorge Debravo "Nosotros los hombres")
¿Tú sabes lo que debe doler eso? Casi tanto como lo mío. Fíjate, tantos años compartiendo el espacio de mi cuerpo con el dolor y yo sin saber que era porque llevo un poema a cuestas todo el día. Eso o directamente que mi cuerpo está hecho todo un poema.
“Vengo a buscarte, hermano, porque traigo el poema,
que es traer el mundo a tus espaldas."(Jorge Debravo "Nosotros los hombres")
¿Tú sabes lo que debe doler eso? Casi tanto como lo mío. Fíjate, tantos años compartiendo el espacio de mi cuerpo con el dolor y yo sin saber que era porque llevo un poema a cuestas todo el día. Eso o directamente que mi cuerpo está hecho todo un poema.
A vueltas con mi espalda
Últimamente ando mal con esta espalda mía que parece tener reunidas todas las dolencias que una columna vertebral pueda tener. Así que, después de un mes de haberle consultado a mi médico de cabecera y entregar el consiguiente volante para ser tratada por la fisioterapeuta, me han llamado para valorar las sesiones que necesito para paliar (porque para sanar , ni yendo a Lourdes) los dolores que parecen haberse cebado en mi cuerpo. Pareció reconocerme del anterior tratamiento de hace ahora exactamente dos años y repasando el historial pensó que estaba allí por lo mismo (hernia discal lumbar). Pues no. Mi trabajo, insistencia y mi dinero me costó (tuve que pagarme una visita privada al que se suponía debía operarme la hernia) que me diagnosticaran, después de un año entero en manos de médicos, otra irregularidad (escoliosis) en mi castigada espalda. El diagnóstico, sin embargo, no sirvió de mucho puesto que no existe remedio alguno para enderezar lo que lleva ya tantos años torcido. Quizás por eso y porque dijo que la escoliosis, sin ser grave, era evidente (¡pues para ser evidente bastante tiempo tardaron en verla!) no se molestó siquiera en hacerme un informe que yo pudiera entregar a mi médico de cabecera para que constara en mi historial médico.Cuando acudí a éste hace un mes no dudó en enviarme a la fisioterapeuta confiando más en mi palabra que en una minuciosa exploración. Claro que entonces la contractura muscular era evidente al tacto, algo que ha mejorado con la que ha sido mi droga y salvación durante tantos años (diclofenaco y myolastan). La fisio protestó ante tal carencia de información. Tuve que explicarle, de viva voz, lo que recordaba de la explicación que el traumatólogo me había dado, diciéndole que la escoliosis era muy evidente pero aportando obviamente una dosis de humor diciendo que eso eran palabras textuales ya que yo nunca me la había visto. Me dio la sensación de que sólo los informes debidamente firmados por un especialista contienen información fidedigna y que el paciente que intente explicar lo que tiene usando palabras “técnicas” es tomado como un “listillo” que está exagerando o incluso inventando su dolencia.
Resumiendo, después de su exploración, dio por buenas mis palabras y estoy citada para diez sesiones de fisioterapia en las que, además de calor y masajes, me enseñarán unos ejercicios para trabajar mis atrofiados músculos.
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